El heroísmo es descrito como las
acciones de líderes militares que logran grandes victorias que cambian el
destino de una guerra y de las naciones. Identificamos estos conflictos como el
sufrimiento de inocentes y el odio entre dos estados. Sin embargo, algunas
veces olvidamos a los individuos que extraídos de sus vidas cotidianas son
incorporados a sus ejércitos. En Combatieron por la Patria, Shólojov nos ofrece
la visión de soldados rusos que deben defender el paso del río Don para evitar
que las tropas y los tanques nazis lleguen a Stalingrado en el marco de la
Segunda Guerra Mundial allá por el año de 1942.
Los recuerdos, vivencias y
reflexiones de estos soldados reflejan no sólo la personalidad de cada uno sino
lo que esperan de la misma guerra. Es evidente el enaltecimiento del valor, la
resignación ante la perdida y el dolor. Sus deseos de tolerar la guerra hasta
acabar con la amenaza nazi es la constante en dicho relato y la cobardía es
castigada con reprimendas. En este pasaje que transcribo vemos que se asume la
guerra como un deber que no merece descanso pues la incertidumbre ha ocupado el
lugar de la vida apacible campesina que disfrutaban y que de ser vencidos ellos
perderían todo aquello que tenían, si es que ya no lo habían perdido. Aquí Lopajin, un joven soldado, le recrimina
a otro más veterano, Nekrassov, su intención de ir a la retaguardia para vivir
con una mujer en una granja y descansar por un tiempo de la guerra al ya
sentirse fatigado y sufrir “la enfermedad de las trincheras” que le impide
dormir, pero lo que hace a Lopajin enfurecerse es cuando este se refiere a que
a su familia la extraña porque no la ve hace un año:
“-¡Da lástima escucharte cuando hablas de los niños, da verdadera
lástima! ¡Oírte hablar como un amante padre y esposo…! Sin embargo, mientras
los alemanes se apoderan de tu hogar y se quedan con tu familia, tú en lo único
que piensas es en convertirte en un yerno más, aquí en la retaguardia: has
buscado el momento más oportuno para… Bueno, pues descansa, llénate el buche de
comida, diviértete con otra mujer, y deja que mientras tanto los alemanes
labren la tierra de tu mujer, y que tus hijos se mueran de hambre como perros
callejeros… ¡Total, nada! ¡Y aún dices que te has olvidado de las caras de tus
hijos! ¡No te da vergüenza preocuparte sólo de tu propio pellejo? ¡Escucha, no
vuelvas el morro! Dices que te gustaría estar en tu hogar, pero ¿cómo piensas
estar allí! Entrando sobre tus piernas en la conciencia y el honor de un
soldado, o arrastrando tu barriga como prisionero de los alemanes. Después te
arrastrarás hasta la puerta de tu casa y moverás el rabo para alegrar a tu
familia, pues nuestro héroe se siente fatigado de luchar, pero está dispuesto a
servir en cuerpo y alma al fascista alemán…”
El pueblo también les exige
valentía para defender su patria y ante el retroceso de las tropas rusas, los
pobladores a los que recurren por un poco de comida les reclaman ese acto.
Exigiéndoles vergüenza ante la derrota, como la mujer que les da finalmente un
balde y sal para que cocinen unos cangrejos, ella le dice a Lopajin: “¡Ojos
desvergonzados! ¿Adónde vais? ¿Corréis hacia el Don? ¿Y quién va a luchar en vuestro
lugar? ¿Tal vez nosotras, las viejas, nos ordenareis coger las armas para
defendernos de los alemanes?”. Y que para ella, que sus hijos luchan en el
frente, de regresar, les diría “¿Habéis ido a luchar? Pues bien, demonios,
hacedlo como está mandado, no traigáis detrás vuestro al enemigo por todo el
Estado, ni llenéis a vuestra madre de vergüenza delante de la gente”.
Ellos están a la suerte no siendo
dueños de su destino, añoran controlar su vida y sólo esperan el término de la
pesadilla bélica para volver a ser quienes eran, saben que en cada metralla o
estallido de una bomba puede acabar no solo con su propia vida, sino la
esperanza de toda su patria:
"-¡Vaya pájaro más inteligente, ese cuclillo! Canta hasta el día
de San Pedro, y su canto es tan agradable como el ruido del tocino saltando en
la sartén; pero, aparte de eso, no le pidas nada más. Después de haberle
escuchado, ahora sé el tiempo que viviré aún. El maldito ha cantado dos veces y
luego se ha parado. ¡Pues sí que se ha mostrado generoso el rabilargo ese!
Ahora sé que podré seguir luchando durante dos años más sin que me maten. ¡Es maravilloso!
No necesito más. La guerra se acabará antes de dos años, ¿no? Seguro. Pues
bien, después de la guerra ya no prestaré atención al canto del cuclillo y
seguiré viviendo cuanto me dé la gana. ¡Fíjate si es sencillo!
-¡Qué bien te lo arreglas, chico! -dijo Pavel Nekrassov, servidor de
ametralladora, con voz acatarrada-. Eso quiere decir que ahora crees en el
cuclillo, y que después de la guerra, ¡al cuerno con sus predicciones!
-¿Y qué quieres? respondió Kopytovsky juiciosamente-. Amigo mío, es ahora
cuando necesito un tranquilizante, que después de la guerra ya me valdré por mí
mismo y podré pasar sin calmantes."
La Rusia de Shólojov es una
corajuda, donde la debilidad es vista como traición, en el que el retorno es
debilidad y no queda más que ir hacia adelante dejando atrás al individuo para
ir de la mano de la nación rusa. Así refleja en este relato el sentimiento real
que invadía a los rusos por esos años, en donde recaía todo el peso nazi de la
guerra sobre ellos. “Combatieron por la Patria” evoca a una sociedad soviética
que ama a su bandera y que la defensa de esta es responsabilidad de su propio
pueblo.

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